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La Liga presenta exposición del maestro MANUEL HERNÁNDEZ ACEVEDO

“Manuel Hernández Acevedo: Elogio de lo cotidiano” es el título de esta muestra que abre al público el próximo jueves, 8 de junio, en la Galería Delta de Picó


La Liga de Arte de San Juan presenta la exposición “Manuel Hernández Acevedo: Elogio de lo cotidiano”, compuesta por obras del maestro, quien fue uno de los más destacados artistas de la generación del 50 y se distinguió por crear singulares estampas inspiradas en la vida común durante dicha época. La apertura será este jueves, 8 de junio, a las 7:00 p.m., en la Galería Delta de Picó.


A través de las 23 piezas en los medios de serigrafía, pintura y linograbado se aprecia la sensibilidad del pintor para capturar la belleza donde posaba su mirada. Con esa virtud, creó coloridas fachadas del Viejo San Juan, paisajes del entorno urbano, el campo poblado por su gente y las tradiciones puertorriqueñas.


“Para nosotros es un honor poder presentar el hermoso trabajo de este maestro que, además, tiene una historia de vida fascinante que vale la pena descubrir”, afirmó Marilú Carrasquillo, directora ejecutiva de la Liga.

Nacido en Aguas Buenas, Hernández recibió educación escolar sólo hasta cuarto grado. Dispuesto a trabajar, a los 28 años se mudó al Viejo San Juan. Allí probó suerte en numerosos y variados oficios. Fue rotulista, carpintero y zapatero. Incluso fue boxeador y cantante, hasta que su vida dio un giro total e inesperado al ser nombrado mensajero en la Comisión de Parques y Recreo Público. En 1949, esta dependencia se convirtió en la División de Educación de la Comunidad (DIVEDCO), bajo la dirección de Irene Delano.

La también artista y educadora fomentaba el interés de los empleados por las artes, instándolos a dedicar tiempo a la pintura. Así fue como descubrió en Hernández un pintor innato. Delano lo guió en el aprendizaje de esta disciplina y, tiempo después, el maestro Francisco Palacios le enseñó la técnica de la serigrafía, que también practicó con notable habilidad. Incluso, tras perfeccionar su trabajo de la mano de Lorenzo Homar y Rafael Tufiño, llegó a ser supervisor técnico de la sección de carteles en serigrafía de la DIVEDCO.


A Hernández le atraía lo real y lo cercano. Desde ese interés fue creando una obra que se caracteriza por una combinación de simpleza y encanto.


“‘Manuel el Bueno’, como bien le define en uno de sus ensayos el insigne dramaturgo puertorriqueño René Marqués, abrazó su trabajo artístico como un pedazo de vida que surgía felizmente de su interior, como un diario visual en el que registraba la cotidianidad de un mundo que le era amable y no quería olvidar, como instantáneas de un universo personal a las que daba forma con sus propias reglas y estilo con la verdad unívoca de un lenguaje puro y honesto como el que brota del corazón de un niño”, escribió el curador José David Miranda, en un ensayo que describe la muestra.


Hernández recibió varios reconocimientos en vida. Entre ellos, se le dedicó la V Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe. Falleció en 1988, dejando un extraordinario legado al arte puertorriqueño.


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